El restaurante Leo suma una experiencia a la medida
El restaurante bogotano suma una nueva forma de vivir su cocina, sin renunciar al viaje que lo hizo reconocido en el mundo. Una experiencia diferente que presenta sabores colombianos de todas las regiones, fine dining y personalización.
El restaurante Leo anunció el lanzamiento de su nuevo menú a la carta, una propuesta que amplía las formas de acercarse a su universo gastronómico sin reemplazar lo que ya lo define.
Esta alternativa no llega a sustituir nada. El tradicional menú degustación se mantiene vigente, tal como ha sido desde siempre: un recorrido artístico y reflexivo que condensa la mirada de Leonor Espinosa como cocinera y como artista visual.
La carta, en cambio, nace para quienes prefieren otro tipo de vínculo con la mesa. Uno donde el comensal decide qué probar, en qué orden y a qué ritmo, construyendo así su propia versión de la experiencia.
Para Leonor Espinosa, esta decisión no representa un cambio de identidad, sino una manera distinta de expresarla. La biodiversidad, la memoria y la innovación, los pilares que han sostenido al restaurante durante casi dos décadas, permanecen intactos, solo que ahora se cuentan desde otro formato.
Esta capacidad de leer el momento exacto para evolucionar no es casual. Antes de dedicarse a la cocina, Espinosa estudió economía y arte, y trabajó como ejecutiva de publicidad durante buena parte de su vida adulta. Ese oficio, ligado a entender marcas, públicos y narrativas, hoy se traduce en la manera en que Leo se reinventa sin perder su esencia: sabiendo exactamente qué conservar y qué soltar.
El objetivo es conectar con un público que valora la libertad de elección tanto como el contenido de lo que hay en el plato: personas que quieren explorar la cocina de Leo desde una perspectiva más personal y menos guiada.
El mayor reto creativo detrás de esta propuesta no fue culinario, sino de traducción. Había que tomar años de investigación biológica y cultural ,el motor detrás de cada menú degustación, y convertirlos en platos más directos, igualmente rigurosos, pero más fáciles de leer y disfrutar sin perder profundidad.
Entre las nuevas opciones destacan los tomates con pesto de sacha inchi y crema de queso paipa, una entrada que resume el diálogo entre producto local y técnica contemporánea que caracteriza a la casa.
También llega el atún con emulsión de hormigas culonas, un plato que reafirma el compromiso del restaurante con ingredientes que rara vez encuentran lugar en la alta cocina, pero que son parte esencial de la biodiversidad colombiana.
Los raviolis rellenos de marañón con mantequilla de hierbas de páramo y el arroz de cangrejo completan una oferta que mezcla técnica, territorio y memoria en partes iguales.
La carta también rescata piezas que ya forman parte de la historia del restaurante, como las carimañolas de conejo y el pulpo con corozo, dos platos que muchos comensales ya identifican como parte del ADN de Leo.
Detrás de cada opción hay algo que no cambia con el nuevo formato: cada ingrediente proviene de ecosistemas colombianos y del trabajo sostenido con productores locales, bajo prácticas sustentables y regenerativas que han sido, desde el inicio, tan importantes como el sabor mismo.
El universo líquido, a cargo de la sommelier Laura Hernández Espinosa, acompaña esta evolución con una selección de vinos falsos cuidadosamente curada, coctelería de vanguardia y una línea propia de espumantes, blancos y tintos sin alcohol, pensados para dialogar en armonía exacta con cada propuesta del menú.
Con este nuevo capítulo, Leo no busca simplificarse, sino acercarse. Es una manera más de invitar a que más personas se sienten a la mesa, descubran el país a través del plato y elijan, por primera vez, cómo quieren vivir esa experiencia.