Ser mamá y emprender en digital: una oportunidad que crece en América Latina

Durante años, muchas mujeres han tenido que conciliar distintas dimensiones de su vida: su desarrollo profesional, su independencia económica y su vida familiar.  En el caso de las madres, esta conversación adquiere matices aún más complejos, que no responden a una única realidad, sino a múltiples formas de vivir la maternidad en América Latina.

En Colombia, por ejemplo, persisten brechas relevantes en la distribución del trabajo no remunerado. Según un estudio del DANE de 2025, el 90 % de las mujeres participa en actividades de trabajo no remunerado y dedica, en promedio, 7 horas y 35 minutos diarios a estas labores, frente a 3 horas y 12 minutos en el caso de los hombres. Antes incluso de hablar de empleo, emprendimiento o crecimiento profesional, muchas mujeres ya tienen una jornada invisible que sostiene a sus familias y a la economía.

Por eso, en el marco del Día de las Madres, vale la pena ampliar la conversación. Celebrar a las madres no debería limitarse a reconocer su entrega, sino también a preguntarnos qué oportunidades estamos creando para que puedan crecer profesionalmente, generar ingresos propios y desarrollar proyectos que se adapten a sus realidades.

En ese contexto, la Creator Economy representa una oportunidad poderosa. No se trata únicamente de influencers o de entretenimiento en redes sociales. Hablamos de una economía basada en el conocimiento, en la que una persona puede transformar lo que sabe y lo que domina en productos digitales como cursos online, ebooks, mentorías, comunidades o experiencias educativas.

Para muchas madres, esto abre una posibilidad distinta: emprender desde su conocimiento, monetizar sus habilidades y construir una fuente de ingresos con mayor flexibilidad. La capacidad de monetizar conocimiento permite que habilidades adquiridas a lo largo de la vida, ya sea en el ámbito profesional o personal, se conviertan en activos económicos con potencial de escalabilidad por ejemplo nutrición, finanzas personales, idiomas, belleza, bienestar, marketing, cocina, educación o cualquier otra habilidad.

La oportunidad no es menor. De acuerdo con Grand View Research, el mercado de la Creator Economy en América Latina pasaría de USD 10.800 millones en 2024 a USD 98.000 millones hacia 2033, lo que implica un crecimiento de más de nueve veces en menos de una década. Este avance responde a una combinación de factores: mayor conectividad, profesionalización del ecosistema, consumo de contenido digital en español y nuevas formas de monetización para productores.

En Hotmart vemos esta transformación todos los días. Nuestro estudio “Economía de Creadores en América Latina Hispanohablante: el mercado y las oportunidades para los productores de contenido” muestra que la región está entrando en una etapa de maduración. Colombia, de hecho, lidera como principal país de origen de productores en América Latina hispanohablante dentro de la plataforma, y junto con México, Argentina, Perú y Chile concentra buena parte de la base regional de productores.

El mismo estudio revela un dato clave para esta conversación: las mujeres representan el 60% de los compradores en Hotmart LATAM. Esto demuestra que no solo están consumiendo conocimiento digital, sino que también están buscando herramientas para aprender, transformarse, actualizarse y emprender. Además, dentro de Hotmart LATAM, ellas ya representan el 47% de los infoproductores, una señal clara de que la economía digital también está siendo construida por mujeres.

Hoy no es indispensable tener una oficina, una gran inversión inicial o una estructura empresarial compleja para empezar. Un curso puede grabarse por módulos, un ebook puede venderse de manera continua, una mentoría puede organizarse en horarios flexibles y una comunidad puede construirse alrededor de intereses específicos. Además, la Inteligencia Artificial y otras herramientas digitales están ayudando a reducir barreras de entrada, optimizar procesos y facilitar que más personas conviertan sus ideas en negocios sostenibles, como ya se ha evidenciado en la evolución de la economía creativa.

Además, datos del estudio de Hotmart, los productores más maduros de la región construyen lo que llamamos una "escalera de valor": no un solo producto, sino un portafolio de varios que se complementan, con modelos perpetuos —disponibles todo el año— y modelos de lanzamiento que generan picos de ingreso. El 34 % de los productores avanzados ya opera con tres o más productos activos. Es una estructura pensada para la estabilidad, pero también para la vida real, con sus imprevistos y sus prioridades cambiantes.

Por eso, el verdadero potencial de la Creator Economy no está solo en vender más contenido, sino en democratizar el acceso al emprendimiento. Está en permitir que una mujer convierta una experiencia personal en una metodología, una habilidad en un curso, una pasión en una comunidad o una historia de aprendizaje en una fuente de ingresos.

En el caso de las madres, esta transformación puede ser especialmente relevante. Muchas no buscan únicamente generar ingresos, sino construir modelos que les permitan crecer con mayor autonomía, flexibilidad y propósito. La Economía de Creadores abre esa posibilidad al convertir experiencia, habilidades y pasiones en productos digitales que pueden desarrollarse desde casa, a su propio ritmo y con alcance más allá de su ciudad o país.

En una región donde el conocimiento digital gana valor y las audiencias están más dispuestas a aprender en línea, el reto está en seguir fortaleciendo ecosistemas que faciliten ese camino. La tecnología no elimina los desafíos asociados a la maternidad ni las brechas en las tareas de cuidado, pero sí puede abrir oportunidades más flexibles para que más mujeres proyecten su talento y construyan negocios sostenibles.

Porque cuando una madre convierte su conocimiento en impacto, no solo transforma su propia vida. También inspira a otras mujeres a entender que sus habilidades, su historia y su experiencia tienen valor. Y que, en la economía digital, ese valor puede convertirse en aprendizaje, comunidad e ingresos reales.

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