Me pregunto cuántas de las marcas que gestionamos hoy tendrían la capacidad de ser extrañadas si desaparecieran mañana. Estamos tan obsesionados con ser vistos, que hemos olvidado cómo ser necesarios; tan volcados en el ruido, que ignoramos que el éxito de una estrategia no se mide en cuántos impactos generamos, sino en la huella que dejamos cuando decidimos guardar silencio.
Hay pérdidas que no se procesan, simplemente se habitan. Esta semana, el mundo se redujo al silencio tras la partida de Usagi, una pequeña pincher vaquita de apenas tres años. Si alguien me hubiera dicho que un ser tan pequeño podía dejar un vacío tan vasto, no lo habría creído. Le decía, con el cariño de quien encuentra belleza en lo cotidiano, mi "capuchino con minichips": su cabeza café partida por una manchita blanca y su cuerpito salpicado de lunares que parecían galleticas la hacían única.
Jamás conocí un ser tan noble, tierno y juicioso. Luchó contra un destino escrito antes de que la conociéramos: una enfermedad congénita —sus riñones nunca se terminaron de formar— que solo descubrimos en sus semanas finales. En el último acto, el consultorio se convirtió en el epicentro del universo. Mientras la inyección comenzaba su curso y el latido de su corazón se detenía, el tiempo dejó de existir. Fue un instante de paz devastadora. En ese suspiro, mientras el mundo de mi hermana se desmoronaba, entendimos que amar, en su forma más pura, es tener la valentía de servir al otro hasta el límite de nuestra capacidad de sostener el dolor. Ese último acto de generosidad fue el servicio más grande que pudimos ofrecerle: una lealtad que nunca necesitó palabras.
Mientras he estado procesando este duelo, mi mente viajó a lo que hacemos en nuestra profesión. En el libro “Esto es marketing”, Seth Godin nos recuerda: "El marketing es el acto generoso de ayudar a alguien a resolver un problema". Usagi era la encarnación de esa filosofía. Ella no estaba en nuestra vida para "posicionarse"; estaba ahí para servir, para acompañar, para hacer nuestro mundo más habitable.
A menudo, los marketeros nos perdemos en el ruido, olvidando lo que Godin nos advierte: "No busques clientes para tus productos, busca productos para tus clientes". Usagi no buscaba nada, simplemente era la solución a nuestra soledad. Su "producto" era ella misma, entregada con nobleza. ¿Cuántas marcas hoy se detienen a entender que su misión no es ser el centro de atención, sino hacer sentir algo extraordinario?
La historia de Usagi me recuerda que el marketing tiene la misión de conectar. Cuando una marca logra entender a su consumidor con esa profundidad silenciosa con la que ella nos entendía —desde la lealtad pura—, deja de ser una transacción para convertirse en una relación. "El marketing es el acto generoso de ayudar a alguien a ser quien quiere ser", dice Godin.
Hoy, la industria se obsesiona con el volumen. Queremos ser los más vistos. Pero Usagi me enseñó que la presencia no se trata de ruido, sino de peso. Ella entendía que el valor reside en la simple, callada y constante compañía. Si nuestras marcas fueran capaces de ofrecer esa presencia —una que se nota no porque grita, sino porque se extraña cuando falta—, estaríamos construyendo algo que realmente importa.
Como dice Godin: "Las personas como nosotros hacen cosas como estas". Usagi amaba sin condiciones, luchaba hasta el segundo final y era noble en la adversidad. Quizás el marketing que importa sea aquel que, cuando se retira, deja un vacío que alguien se atreva a extrañar.
Gracias, Usagi, por enseñarme que no hace falta ser grande para dejar una huella imborrable. Tu lección me acompañará: si el marketing es el acto de dejar el ego a un lado para ayudar al otro, entonces, como tú, debo aprender a estar presente y servir con nobleza. (Esto a veces se nos olvida).
Esta columna es mi catarsis. Si has amado a una mascota, sabes que el amor no se mide en años, sino en la profundidad de la huella que dejan. Si no es para conectar de verdad, si no es para hacer sentir algo profundo, entonces, simplemente, no es marketing. Es solo ruido. Y el mundo, créanme, ya tiene suficiente ruido; lo que realmente necesita es presencia.
También le puede interesar: Feria EVA Spring Edition, regresa con más de 520 marcas y cerca de 300.000 visitantes proyectados