El pensamiento de futuros redefine el marketing

Vivimos un momento en el que las fórmulas de siempre ya no bastan para entender el entorno. Una mirada al panorama actual y al verdadero valor de pensar en el futuro.

A diferencia de las anteriores revoluciones en el mundo, hoy navegamos una situación inédita: es la primera vez como humanidad que enfrentamos un reemplazo intelectual impulsado por la tecnología y debido a que los avances van más rápido que nuestra capacidad natural para aprender, se está limitando nuestra visión para planear el futuro.

Señales hay muchas, desde Sam Altman anticipando la súper IA para 2028, pasando por el denominado SaaSpocalypse con la pérdida de valor de las grandes tecnológicas, hasta la industria automotriz y sus modelos autónomos. Escenarios que demandan una mínima intervención humana.

Entonces surge una pregunta interesante: ¿Si todos pierden su empleo, a quien le vamos a vender nuestros productos y servicios?

Aún no tenemos la respuesta y la conversación se torna interesante cuando observamos a China impulsando una ley que prohíbe el reemplazo de empleados por una IA, esto indica que tal vez ellos están viendo algo que el mundo occidental no.

Si bien es cierto que ya le vendemos a los algoritmos y que el marketing M2M (machine to machine) es una realidad, también lo es, que los humanos deben generar el dinero con el que ChatGPT pagará sus compras en el futuro y al no saber de dónde saldrá ese dinero, el mercado entra en una nebulosa.

En este contexto de incertidumbre permanente, es urgente para los equipos de marketing incorporar nuevas power skills como la Inteligencia de Futuros, una disciplina estratégica que aporta un marco mental estructurado para explorar múltiples escenarios del mañana y tomar mejores decisiones en el presente. Parte de una gran premisa y es que el futuro no está escrito, sino que es un territorio abierto que se puede mapear, influir y diseñar metodológicamente.

La Inteligencia de Futuros es clave para Latinoamérica

Estamos acostumbrados a maniobrar sobre las siguientes 24 horas de nuestras vidas. Esto, en el contexto del marketing actual donde más del 90% de las empresas no planean a mediano ni a largo plazo, parece ser una ventaja, pero no lo es, ya que esta postura reactiva minimiza la capacidad de anticipación y le resta ventaja a las marcas frente a otros competidores que sí observan el horizonte.

Un ejemplo de la aplicación de esta metodología es Natura, que basa toda su estrategia de innovación y posicionamiento de marca en los estudios de futuros y a través de la exploración de escenarios, la compañía rediseñó su cadena de suministro basándose en modelos de regeneración para el año 2030 y 2050.

Su marketing no vende cremas anti edad sino longevidad saludable, un concepto que adoptaron tras mapear cómo las nuevas generaciones redefinirían el envejecimiento.

Otro caso de éxito es Mercado Libre, una marca que diseñó escenarios a 5 y 10 años al detectar señales en la falta de bancarización, la desconfianza y el atraso en la logística. En lugar de esperar a que el entorno mejorara, aplicaron pensamiento de futuros y anticiparon un escenario donde ellos mismos tenían que convertirse en la solución, diseñando su propia red logística y su propia billetera digital.

Estos casos demuestran que si no se puede ver el futuro, resulta imposible prepararse para él. Por eso hoy más que nunca, desarrollar la capacidad humana de la anticipación no es un lujo, sino una habilidad vital que se debe instaurar en la cultura de las marcas que aspiran a liderar la próxima década.

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