El panorama del entretenimiento en América Latina está cambiando a gran velocidad. Hoy, el gaming ya no puede entenderse como una categoría de nicho ni como una actividad asociada exclusivamente a consolas o a públicos específicos.
Por el contrario, se ha consolidado como un ecosistema digital de gran escala en el que convergen la tecnología, la conectividad y la creación de contenidos, abriendo nuevas y emocionantes oportunidades tanto para empresas como para desarrolladores.
Las cifras reflejan esta transformación. Según Newzoo, el mercado global de videojuegos cerró 2025 en US$201.600 millones, un crecimiento del 9,1% frente al año anterior y la primera vez que la industria supera la barrera de los US$200.000 millones. América Latina se mantiene entre las regiones de mayor dinamismo: las estimaciones de Newzoo para 2025 situaron sus ingresos en US$8.300 millones, con un crecimiento anual de 6,4%, por encima de mercados más maduros.
Este crecimiento responde a varios factores. El primero es la expansión de la conectividad y el acceso a dispositivos capaces de ofrecer experiencias cada vez más inmersivas. Además, somos una región predominantemente mobile-first: en 2025, los ingresos provenientes de juegos móviles crecieron un 7,8%, superando el ritmo de las consolas y el PC. Al mismo tiempo, estas últimas plataformas demostraron su solidez al alcanzar alrededor de US$2.000 millones cada una, lo que nos muestra un ecosistema diversificado donde las oportunidades no se limitan a un solo formato.
Otro de los cambios más enriquecedores que estamos presenciando es la ampliación del perfil del jugador. Esa imagen del gamer exclusivamente joven, masculino y conectado a una consola en solitario ha dejado de representar la realidad. Hoy, el gaming es transversal: cruza generaciones, dispositivos y estilos de vida, mostrándonos su cara más inclusiva.
El auge de los juegos móviles y casuales ha sido un motor fundamental en este proceso. En Colombia, por ejemplo, los datos de PwC señalan que los juegos sociales y casuales representaron el 72,7% del mercado en 2024, con ingresos que crecieron un 29% frente al año anterior. La firma proyecta, además, que este segmento podría alcanzar cerca de US$314 millones en 2029.
Esta transformación también está ampliando el perfil de quienes juegan. La idea del gamer exclusivamente joven, masculino y conectado a una consola ha dejado de representar la realidad del mercado. Un estudio de Newzoo publicado en marzo de 2026 encontró que el 76% de las mujeres de la población online mundial juega videojuegos, frente al 83% de los hombres. El dato confirma que el gaming es una actividad cada vez más transversal y que las marcas tienen frente a sí una audiencia mucho más diversa.
Dentro de este escenario regional, Colombia tiene frente a sí una oportunidad particularmente interesante. El país no solo cuenta con una comunidad gamer en plena expansión, sino que está construyendo un ecosistema de desarrollo que ya empieza a ganar un merecido reconocimiento internacional.
De acuerdo con PwC y Omdia, los ingresos del mercado de videojuegos en Colombia alcanzaron los US$299 millones en 2024 (un crecimiento del 21,2%) y se proyecta que lleguen a cerca de US$415 millones en 2029.
Sin embargo, la oportunidad va mucho más allá del consumo. ProColombia señala que la industria nacional generó US$14,02 millones en exportaciones durante 2024, destacando la labor de más de 30 estudios que hoy desarrollan y exportan talento desde el país.
Este crecimiento tiene implicaciones profundas. El desarrollo de videojuegos requiere perfiles altamente especializados: programación, diseño, animación, arte digital y narrativa. Es una industria que genera oportunidades para la creación de propiedad intelectual, la exportación de talento y el fortalecimiento de disciplinas STEAM. Por eso, nutrir este ecosistema debe ser un esfuerzo conjunto que involucre a empresas tecnológicas, universidades, desarrolladores y al sector público. El éxito sostenido dependerá de nuestra capacidad para convertir esta pasión por el gaming en oportunidades económicas reales y duraderas.
El futuro del gaming en América Latina estará determinado, cada vez menos, por la cantidad de personas que comienzan a jugar, y cada vez más por la calidad y profundidad de las experiencias que esas personas esperan encontrar.
En esta evolución, la tecnología tendrá la última palabra. El jugador latinoamericano busca hoy experiencias más fluidas, personalizadas y conectadas, que lo acompañen sin importar dónde o cómo decida jugar. Esto nos exige una mejora constante en la infraestructura que soporta todo el ecosistema.
Pero quizás el cambio más valioso sea el cultural. El gaming dejó de ser un simple pasatiempo para convertirse en una forma de crear, competir y relacionarnos. América Latina ya cuenta con una audiencia masiva y un ecosistema creativo con ambición global. Para Colombia y para la región, la partida apenas comienza; la gran oportunidad está en dejar de pensar únicamente en cómo jugarla y empezar a diseñar el futuro de la industria.
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