“Los libros son objetos únicos de larga vida”: Sebastián Estrada, director editorial de Penguin Random House en Colombia
¿Puede sobrevivir el libro a la era de las pantallas? Mientras las plataformas multiplican las opciones de entretenimiento, la industria editorial encuentra nuevas formas de conectar con los lectores.
Con 15 años de experiencia en el mundo editorial, Sebastián cuenta cómo Penguin Random House se ha abierto camino en Colombia y cómo se acerca a nuevas audiencias. Además, explica por qué considera que los libros y otros formatos de entretenimiento pueden enriquecerse entre sí.
Revista P&M: ¿Qué caracteriza la identidad editorial de Penguin Random House y cómo se ha construido esa relación con los autores y los lectores?
Sebastián Estrada: Nosotros somos unos apasionados de los libros y procuramos publicar para todo tipo de lectores, con mucho respeto por ellos. Por eso nos esmeramos en que todo el proceso editorial, desde la contratación y la edición hasta la corrección y el trato hacia los autores, sea muy cuidadoso.
También sabemos que los libros, a diferencia de muchos productos del mercado, son objetos únicos de larga vida que requieren un acompañamiento pausado, de largo aliento. Es una maravilla cuando uno publica y ocurre una reacción inmediata del mercado, pero hay otros libros, como ensayos, novelas o testimonios, con los que queremos propiciar una buena conversación y sabemos que se necesita un trabajo de voz a voz.
Intentamos que esos autores estén en varios escenarios, más allá de la presentación de un libro. La idea es que un lector lo recomiende a otro y que el autor vuelva a encontrarse con sus lectores en un congreso, un simposio o una feria del libro.
Para nosotros, los libros son algo muy valioso. Son el resultado de lo mejor de cada autor, de su conocimiento, su pasión y su experiencia. Nos interesa acompañar esa suerte de hijos que tienen los autores. Nos tomamos nuestro trabajo muy en serio y lo hacemos con mucha pasión.
P&M: Llevas 15 años en el mundo editorial. ¿Cómo ha cambiado el comportamiento de los lectores en Colombia?
S.E.: Creo que, por fortuna, el mercado es más impredecible que nunca y eso se debe, en buena medida, a que la prescripción ya no viene de tan poquitas voces.
Antes tenías un columnista estelar que todo el país leía. Si esa persona recomendaba una novela, ese libro podía convertirse en el más vendido y el autor alcanzar mucha notoriedad. Lo mismo ocurría cuando alguien en un programa de televisión o un par de personas reconocidas recomendaban un título.
Ahora la prescripción es muy variada. La conversación está en muchos sitios: las redes sociales, los clubes de lectura y espacios a los que no siempre tenemos fácil acceso. Por eso, en nuestros comités editoriales tenemos que estar con las antenas muy paradas. Los libros pueden surgir de una conversación en una cafetería o de lo que uno ve en su propia casa.
También ha cambiado la distribución de los éxitos. Antes, en Colombia, un libro que explotaba podía vender 90.000 o 120.000 ejemplares, pero eran muy pocos los que alcanzaban esas cifras. Había una brecha enorme entre unos cuantos libros muy exitosos y muchos otros que vendían mucho menos.
Ahora el gran bestseller ya no necesariamente vende esas cifras monstruosas, pero hay más bestsellers. Se ha diversificado el mercado. Tenemos autores que son un éxito dentro de una comunidad con una novela urbana sobre la Medellín de los años noventa, pero también libros con muy buenas ventas sobre el Renacimiento italiano.
Como editores tenemos que estar atentos a esa pluralidad de temas y a los autores que pueden liderar esas conversaciones.
P&M: ¿Cómo identifican esas nuevas conversaciones y las convierten en oportunidades editoriales?
S.E.: A veces detectamos que hay un asunto del que la gente está hablando, como la salud mental, y buscamos las voces que dominan esa conversación y que tienen una comunidad importante.
Un ejemplo relativamente reciente es el de Juan Pablo Zuluaga y Carolina Pineda, de la cuenta Mis Propias Finanzas. Identificamos que la educación financiera era una necesidad que afectaba a personas de todas las edades y les propusimos escribir un libro a cada uno.
Juan Pablo publicó el suyo en mayo de 2024 y ha sido un éxito editorial. Este año, Carolina publicó Mis primeras finanzas, un libro dirigido a los niños, para que los papás comiencen a acercarlos a estos temas desde pequeños. Ambos libros han tenido muy buenos resultados.
¿De dónde surgieron esas ideas? De identificar una necesidad, pero también de reconocerlos a ellos como personas con una audiencia importante. Muchas veces no son escritores, pero su trabajo puede dar lugar a un libro. Se animan y terminan siendo proyectos exitosos.
P&M: En un mercado que también convive con plataformas de streaming, redes sociales y otros formatos de entretenimiento, ¿cuál es el reto de mantener vigente el libro y atraer nuevos lectores?
S.E.: Nosotros tenemos la fortuna de ofrecer libros y contenidos. Al final, las plataformas, las editoriales y muchas otras industrias ofrecen contenidos, pero yo estoy muy confiado en la inmortalidad del libro porque implica una conexión muy particular con el público.
Hay una sentada en solitario que uno determina, mucho más serena, larga y profunda. Cada medio tiene lo suyo. Una película puede ser espectacular, incluso si se deriva de un libro, y puede ser muy distinta de la obra original. Ambas audiencias pueden quedar satisfechas.
Pero creo que lo que produce un libro no lo produce sino un libro: una inmersión muy paciente y detallada en algo. Las series también han cambiado el panorama. Antes uno competía principalmente con películas de dos horas; ahora las series permiten desarrollar historias durante muchas temporadas y lo visual es bastante poderoso.
Sin embargo, creo que, en vez de competir, son universos que se enriquecen. Los libros antojan de ver películas y las películas antojan de leer libros. La gente consume arte y entretenimiento con mucho entusiasmo y nosotros tenemos la fortuna de estar al frente de un objeto muy único.
P&M: ¿La expansión de las plataformas digitales y el uso constante de los celulares representan una amenaza para los hábitos de lectura?
S.E.: En algún momento pensamos que todo ese florecimiento de plataformas y la adicción de la gente a los celulares iba a implicar un declive del libro, pero ha sido justo lo contrario.
Creo que mucha competencia audiovisual y la distracción de los celulares mantienen a la gente en un estado de ánimo un poco alborotado. El libro produce cierto sosiego, una relación de silencio y de soledad con el contenido que parece ser muy atractiva.
Por eso, al menos por ahora, creo que estamos en un buen momento. Quién sabe qué ocurra pronto, pero hoy veo que el libro sigue teniendo una experiencia particular que encuentra su lugar en medio de todas las demás formas de entretenimiento.
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